Para nosotros, de cultura occidental católica, las cosas suceden por casualidad. Para los musulmanes, con una visión más finalista de la vida, suceden porque Alá quiere; porque debe ser así.
Hago esta introducción porque la última vez que estuve en Marrakech me encontré con alguien que representaba lo que había sido fundamental en mi época de crecimiento, Ignacio Bultó, fabricante de motos de la marca Merlin (también Bultaco). Sus motos fueron aquellas con las que aprendí a conducir, y que luego -sucesivamete- me acompañaron hasta los 14 años.
Fue un re-encuentro emocionante. Hablamos de motos, de pasado, de la nostalgia de unos conceptos que ya no existen... Ahora todas las motos incorporan tanta tecnología que los pilotos pasamos a segundo plano. Y cuando un vehículo se rompe, apenas existe forma de reparalo sin la herramienta o el software adecuado. Antiguamente, sin embargo, todo estaba accesible; desmontábamos el motor nosotros mismos para revisarlo y lo volvíamos a montar para la excursión del domingo.
¡Qué buenos ratos pasamos en la piscina de la azotea del riad! ¡Qué agradables atardeceres de verano sobre los tejados de la medina!
Sin duda, volveremos a vernos. Eso espero. Alá dirá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario